jueves, 25 de agosto de 2011

04.01.-La moral del amor en la Teología del Amor.

04.01.- LA MORAL DEL AMOR en LA TEOLOGIA DEL AMOR.

04.01.01.- La común-unión carnal en su verdadero contexto: el amor.

Es el amor y no el deber el que da sentido humano y por tanto moralidad plena a todo acto humano. Hemos construido una moral de "deberes" y no una moral de amor (no la moral del amor que es otra cosa), aunque el único deber o mandato evangélico es el del amor.

Es pues, con la perspectiva del amor, con la medida del amor, ‑ mejor, con el amor como medida, ‑ con el prisma del amor, con la balanza del amor, con el que debemos construir la moral cristiana, en una nueva visión, más realista, más evangélica.

(aunque algunos dicen que más difícil de interpretar y medir)

¡Cuántos legalismos no desaparecerían, y cuántas conciencias no quedarían tan atenazadas, sin pudieran ver toda su vida medida y juzgada, ante si y ante los demás, ante Dios ya lo es así, por la sola medida del amor, con el solo criterio moral del amor.

La MORAL del amor que veinte siglos después de Cristo aún esta por escribir.

Pero apliquémosle al acto conyugal la teología del amor, la moral del amor, el amor como medida, la medida del amor.

04.01.02.- Solo el amor produce verdad y bien.

Sólo el amor es benéfico, produce amor, produce unión, produce bien. Ningún acto que vaya dirigido, impulsado o planeado siquiera por el egoísmo, puede producir amor y bien.

04.01.03.- El sentido unitivo le da su profundo sentido humano.

Es más, el sentido profundo y humano del acto conyugal se lo da precisamente su sentido unitivo, en cuanto que es acto unitivo, pues es en él, el amor, la comunicación de amor, la expresión de amor y de donación de los esposos, en donde y por donde participan en el amor de Dios, en la paternidad de Dios, y se hace uno con El.

Todo acto genital, aunque fuera procreador, no sería participativo de la paternidad de Dios si no fuera comenzado por el amor, continuado por el amor y terminado en el amor.

04.01.04.- Participa del Amor y la paternidad de Dios

Cualquier acto genital, aún sin sentido o efecto procreador, dentro del orden de Dios, en los días infecundos, y con sentido unitivo en el amor, participa no sólo del amor sino también de la paternidad de Dios, pues aumenta el sentido de paternidad

universal de los esposos, ya a los hijos ya nacidos, ya a los por venir, aunque no sea en ese acto concreto, ya a los hijos de las demás parejas, en cuanto que todo matrimonio tiene una paternidad social dentro de la comunidad humana y cristiana.

04.01.05.- La procreación corona y gloria del amor humano.

La procreación, desde este punto de vista, es pues la corona y la gloria mas hermosa del amor humano, como fruto del amor de los esposos, que siempre es fecundo, o debe serlo en el amor, y que algunas veces por voluntad divina y responsabilidad humana a esa misma voluntad " se hace carne y habita entre nosotros".

04.01.06.- Dirigida siempre a la especie. No a todos los individuos.

Es decir que el fin procreador del acto genital está dirigido siempre a la especie, como mandato obligatorio, pero no en todos y cada unos de los actos de todos y cada uno de los individuos, sino como fruto del amor producido por su fin o acto unitivo, como coronación del amor, amor siempre fecundo en ese acto, pues produce y crea amor en el otro y entre los dos, pero sólo a veces fecundo en el mantenimiento de la especie, cuando viene unido a la voluntad divina en una paternidad responsable.

04.01.07.- Fecundo siempre en el amor.

En otras palabras, Dios como autor del amor conyugal y de su expresión genital, manda que ese acto sea siempre fecundo en el amor, pues es sin sentido si no va movido por un acto unitivo y amoroso de los esposos. Siempre tiene que ser unitivo para que sea humano y cristiano, siempre tiene que ser fecundo en el amor. A veces por voluntad divina y responsabilidad paternal humana, se hace fecundo en la carne y procreador en un nuevo ser.

04.01.08.- Con amor, el acto procreador también tiene un profundo sentido humano.

Cuando va envuelto en el amor, y en sentido unitivo del amor.

04.01.09.- Sólo el amor la justifica y justifica cualquier acto humano.

Sin amor se prostituye la voluntad creadora de Dios. VER: 04.00.05.

Ni siquiera el deseo de cumplir el mandato divino de "creced y multiplicaos", justificaría el acto genital "sin amor al otro", (parecería con amor a Dios) pues, "como puedes amar a Dios a quien no ves, si no amas a tu hermano a quien ves: eres un mentiroso" (San Juan) ¿y quién más "hermano" ("prójimo" = "próximo") que la propia pareja en el momento de unión más íntima?

Repetiremos el párrafo anterior:

En otras palabras, es la intencionalidad humana la que le da el último sentido de moralidad al acto genital, es principalmente la intencionalidad unitiva, pues la puramente procreativa en sí sólo y por sí, (per se) sin la unitiva de comunicación de la pareja de amor y unidad, sería también ilícita, al estar "usando" al otro de la misma manera que a una probeta de fecundación artificial, sólo para la procreación, o como una máquina que produce un nuevo ser, pero sin la "consideración de persona" del ser en que se engendra, o del ser que engendra.

¿Sería lícito este acto matrimonial en que un esposo usa al otro exclusivamente para procrear porque quiere perpetuarse en el hijo, pero desprovisto de todo amor al otro y de toda consideración de persona?

Ni siquiera la justificaría el amor propio o a nosotros mismos, porque la genitalidad es en sí relación, diálogo y comunicación, ida y vuelta del amor cerrándose en el círculo perfecto de la pareja humana: "varón y hembra los creo".

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