jueves, 25 de agosto de 2011

III.- LA TEOLOGÍA DEL DEBER.

III.- Teología del DEBER.

03.00.- El acto carnal en la teología del deber.

Significado unitivo y significado procreador.

I.- EL SIGNIFICADO UNITIVO Y EL SIGNIFICADO PROCREADOR.

(METODOS2.EST) [05:04] [06:04]

03.01.- El acto genital visto sólo desde la teología del deber.

Fuera de la Teología del Amor.

Cuando se parte de la visión unitaria del acto procreador como mandato de Dios para perpetuar la especie, deteriorando, ignorando o disminuyendo otros fines o intenciones divinas se corre el riesgo de perder de vista su origen en el amor, en la teología del amor, en la ética del amor, en el contexto del amor, en su medida por el amor, que es sin duda el único fundamento de toda moral cristiana, predicada por Cristo y salida del mensaje evangélico, y enmarcarlo sólo en una "moral de deber o deberes".

Por otra parte el sentido tan profundo y la tendencia tan fuerte que marca el instinto procreador en su tendencia carnal o concupiscente que lleva hasta el desenfreno y el placer como último y único fin, placer tan fuerte que marca al hombre, y el querer "ordenar y someter a la razón" dicho placer desencadenado por el pecado de Adán, ha hecho que se estudie y vea el acto genital como un acto objetivo, con una moral objetiva y fría, en un contexto de bondad o maldad "según su fin principal", fin principal para la especie y justificación quizás de su creación como acto, pero desde luego fuera de todo su entorno humano, de la totalidad del hombre, como acto aislado, y no inmerso en el fin total del hombre que es el amor.

Se ha buscado su licitud o ilicitud en el plano objetivo de su finalidad objetiva, (sirve para, produce procreación, es mandato de crecer y multiplicarse) y se ha olvidado de estudiarlo no en su maldad o bondad conforme a ese fin objetivo, sino el contexto completo del hombre, creado para amar en todas sus circunstancias, con toda su persona y todas sus potencias o cualidades, con todos sus carismas, puestos al servicio del amor a los demás, y en este caso concretado en el objeto-sujeto de ese amor que es el propio cónyuge, el más proj(x)imo entre los proj(x)imos, y en él/ellos a Dios y que éticamente se santifica si procede del amor, si produce amor, si engendra amor, a imagen y semejanza de Dios.

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